EL VERSO

Entre lo real y lo ficticio

Mi mente se mueve

Y ella no entiende

De donde esto viene

 

La diferencia no miente

Y aunque la encuentre

Se encuentra dispersa

Por falta de pretendiente

 

La verdad no es ninguna

Solo la que concierne

A la duda alguna

Que una vez existente

Solo no es una tangente

Sino una pendiente

 

Que invita al esfuerzo

De mi mente que esta latente

A solo escribir en verso

Lo que de algún lado viene

 

Antes de ser invitado

Antes de ser pensado

Antes de ser creado

Viene a mí solemnemente.

 

Verso perverso

Que en mi mente grotesco eres

Aunque tu nombre sea solemne

Tú siempre eres hiriente.

 

Verso sincero que no miente

A veces pareces mi enemigo

Y a veces mi amigo incondicional.

 

Siento tu veneno verso

Que me vuelve vehemente

Y aunque eres grotesco

Acudo a ti frecuentemente

 

Para escuchar de ti verso

La verdad que implora

La acción imponente

Que te vuelve realidad.

 

Y no hay realidad alguna

Ante la ausencia de tu bravura

Si no existieses en mi mente

Mi boca sería una tachadura

 

Enciende el fuego que lo quema todo

Mata de una vez por entero mis despojos

Si en el estero no veo tus asomos

No habrá motivo para un jolgorio.

 

Verso amigo de mi pasión

Amante de toda mi satisfacción

Con atorrancia o simpatía

Te acomodas entre mis líneas

 

Dejando a veces un buen sabor a mis escuchas

Dejando entre sus labios una suave figura

Verso lleno de sinceridad

A veces atacas con severidad

 

¿Pero que no es mejor que la lealtad

Sino la palabra dicha con verdad?

No para agravar sino para aplacar,

Aleccionar, y así enmendar.

 

Así es el verso venido sin invitar,

Recio y áspero para inculcar,

Dulce y suave para alagar.

 

Así acomodo todo mi pensamiento

Para tenerte presente en mi intelecto

Y compartirte a toda hora y todo momento

Con quienes expresan sin miedo, su pensamiento.

 

Por: Gabriel F. Magdaleno B.

Anuncios
EL VERSO

Lluvia

Lluvia, desgarras la montaña

Y me ahogas en tus aguas,

Lluvia, mezclada con tierra

Bajas con fuerza por la montaña.

 

Arrasas con todo,

Con las casas,

Con el barrio,

Con mi alma.

 

Nadar en ti no puedo

Tu furia derrota mi cuerpo

Y cansa mi brazada.

 

Antes de sucumbir de miedo

Exhalo mi último aliento

En tu cuerpo espeso

Que se traga mis huesos,

Que guardará con recelo

Para no ser descubiertos.

 

Tu furia, mezclada con viento

Dobla el firmamento

Y hace de los valles

Un vertedero de muertos,

Casas y follaje.

 

Escombros de vida,

Escombros sollozos,

Que entierran lamentos

Y entierran despojos.

 

Tu furia, que desata las amarras de la muerte.

¿Quién puede detenerte?

Tu fuerza es contundente cuando arremetes.

 

Desde una suave caricia convertida en rocío

Que colorea flores, humedece horizontes

Y da vida a los recuerdos al añorar.

 

Hasta la muerte encontrada

En tus fuertes deseos de venganza latente,

Cuando enfureces sin motivo aparente

Y acabas con todo sobre el pastizal.

 

Riges con fuerza dictatorial

Eres vida, eres muerte.

 

Ahora vehemente ante quienes

Inconscientemente tocaron tus vergeles,

Arrancas sus cimientos sin conmoverte

Hasta vernos sumergidos en tus aguas

Ennegrecidas por tus actos hirientes.

 

A regañadientes sucumbimos ante ti,

Sin nada que hacer más que morir

Esbozamos una última expresión

Recordando a quienes dejamos al partir.

 

En sus lágrimas estarán nuestros recuerdos,

En sus suspiros nuestros dolor.

Bajo la tierra, por ti revuelta

Nuestros huesos sin pudor.

 

Dedicado a las victimas de las tragedias de El Limón (1987) Edo. Aragua, y Vargas (1999) Edo. Vargas, Venezuela.

 

Por Gabriel F. Magdaleno B.

Lluvia